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Un hecho destacado es el fenómeno sionista y el predominio de la causa palestina.  Y esto, por dos razones esenciales:

a)    Una razón "interna", relativa  a la situación geográfica de Palestina, que se halla en el corazón mismo de la patria árabe, y que constituye un punto que une al Mashreq con el Magreb; relativa también a su importancia histórica, puesto que Palestina es la tierra depositaria de valores sacros, porque ha sido ella el teatro de acontecimientos de una extrema importancia para la historia árabe.  Esta razón se refiere también al papel nacional que palestina ha desempeñado, en la medida en que ella ha sido el lugar privilegiado de la lucha árabe, donde la  idea de unidad ha podido desarrollarse paralelamente al renacimiento.

b)    Una razón "externa" ligada al fenómeno sionista en cuanto tal.  El sionismo, con su  ideología unificada, su organización eficaz, su larga experiencia capaz de controlar los mecanismos económicos más importantes de los países capitalistas, así como los medios de  información más perfeccionados, ha podido jugar un papel primordial preciso en la elaboración de sus planes y participar en su ejecución después de la segunda guerra mundial.

Por estas razones, el sionismo es para los árabes mucho más que una nueva forma de colonialismo, y cuyo objetivo es invadir tierras.  Mucho más que un simple trasplante del facismo de Occidente a Oriente, bajo formas inéditas hasta entonces.  El sionismo equivale actualmente a un desafío que compromete el destino de todos los árabes; constituye un criterio que les permite determinar su puesto y su postura, respecto a su propia historia, respecto a la evolución del presente.  El ha permitido al pueblo árabe medir la gravedad de la desunión, del subdesarrollo y otros varios aspectos, que obstaculizan su desenvolvimiento natural.  El pueblo árabe siente la profundidad de la crisis que atraviesa en su lucha contra esta nueva forma de amenaza y racismo.

Teniendo conciencia de estos hechos, es posible captar el alcance de la mayor parte de los acontecimientos que han acaecido desde la decisión del reparto de Palestina (29 de noviembre de 1947), hasta nuestros días. Esta decisión del reparto, tomada por la Organización de las Naciones Unidas, se identifica con la adoptada por la Sociedad de Naciones después de la primera guerra mundial, que consistió en dividir el Oriente Árabe en varias entidades colocadas bajo el fideicomiso de las autoridades administrativas coloniales.  Esta decisión, en la que han participado todas las grandes potencias, significa, para los árabes, que ellos ya no pueden contar, en la lucha que les opone a este nuevo enemigo, más que con sus propias fuerzas.  Cuando los ejércitos de siete países árabes entraron en Palestina (sin objeto realmente definido, sin plan estratégico, sin que la movilización estuviera organizada, sin dirección unificada y a incitación más o menos directa de fuerzas extranjeras), colocados bajo el mando de autoridades que compartían los mismos intereses que los sionistas, los colonialistas -cuando estos ejércitos fueron derrotados por 60.000 sionistas, bien entrenados y equipados con armas ultramodernas- los árabes y los ejércitos árabes, en primer lugar, debieron darse cuenta de la gravedad de la contradicción, de lo trágico de la situación, y de apreciar en su  justa medida la aterradora naturaleza del complot colonialista dirigido en su contra.

A continuación del reparto han nacido tres fenómenos nuevos y esenciales:

    1.- Un movimiento revolucionario árabe que concretizó el pensamiento político, la organización y la lucha militar.
    2.- El fenómeno militar que originó una serie de cambios que afectaron a la patria árabe a nivel político.
    3.- El movimiento revolucionario palestino manifestado con toda su fuerza después de la derrota del 5 de junio de 1967.

Todos estos movimientos estaban de acuerdo a dar prioridad a la causa palestina.  Cuarenta y dos años después de la Segunda Guerra Mundial, los sionistas comienzan tan sólo a entrever que el combate que llevan a cabo contra la legitimidad del derecho árabe no podrá concluirse sin el reconocimiento de este derecho.  En efecto, durante los diez años que siguieron a la ocupación de Palestina por sionistas (1948 -1958), el pueblo árabe ha atravesado una serie de experiencias que han originado transformaciones positivas en su vida política: la ascensión del movimiento revolucionario, claro está, ha permitido la caída de regímenes; la Revolución de Abdel Nasser, en 1952, el desencadenamiento de la Revolución argelina en 1954; la nacionalización del Canal de Suez, en 1956, la unidad de sirio-egipcia, en 1958, y la revolución del 14 de julio de 1958, en Irak.  Acontecimientos, todos que deben ser considerados como el fruto de la unidad militante árabe que se consolidó como respuesta a la tragedia palestina.

Aspecto Demográfico del Mundo Árabe de Post-Guerra

La patria árabe conoció una rápida expansión demográfica de la Segunda Guerra Mundial.  Mientras que la media de la tasa de crecimiento de la población durante los tres primeros decenios del siglo XX se estimaba en algo más del 1%, esta media gira en torno al 2% para el cuarto y quinto decenios.  La tasa ha continuado creciendo, hasta alcanzar del 2,4 al 3,4% durante el período que va de 1950 a 1970.

Las estimaciones evalúan en 74 millones el número de la patria árabe en 1950.  Esta cifra llega a cerca de 125,7 millones en 1970; es decir, un aumento de cerca de 50 millones en 20 años.  Los expertos de las Naciones Unidas estiman que la cifra total alcanzará 205,7 millones en 1990.

Las tasas de crecimiento anual defieren de un país a otro.  Estos países participan desigualmente en el aumento demográfico general, dada la desigualdad de las poblaciones.  El 64% del conjunto de la población reside en cuatro países (entre 1950 y 1970): Egipto, Sudán, Marruecos y Argelia.

La etapa que siguió al final de la Segunda Guerra Mundial es pues considerada como un momento crucial, por lo que se refiere a la demografía de los países árabes.  Los servicios médicos y la acción de la Salud Pública han alcanzado a la mayor parte de los habitantes y han señalado un rápido descenso de la mortalidad desde 1945 hasta nuestros días.  La media ha pasado de 25,5 por mil, entre 1950 y 1955, a cerca de 18,4 por mil, entre 1965 y 1970.

La emigración árabe ha bajado ampliamente y no se limita más que a los intelectuales, prácticamente, y a los técnicos y hombres de ciencia, si es que no tomamos en consideración al pueblo palestino, arrancando de su tierra y disperso por todos los países del mundo, particularmente en los países árabes.

Por lo que a la edad de las poblaciones se refiere, las cifras de la O.N.U., extraídas de las fuentes gubernamentales, indican que los jóvenes de menos de 15 años forman  entre el 43 y el 47% de la población total.  Los que tienen entre 15 y 64 años no forman más del 52%, mientras que esta proporción alcanza al 64% en los países avanzados.

PALESTINA Y SU LUCHA POR LA INDEPENDENCIA

La Región de Palestina

La importancia de Palestina en el proceso histórico que vive la región, en la actualidad es, sin duda, producto de la pesada carga de historicidad que el pasado le ha conferido.

El nombre de Palestina provino de la inmigración Filistea a la región, en el año 1500 a de C. No obstante, sus primeros habitantes fueron los cananeos, por lo que el país se llamaba tierra de Canaán.

Este pedazo de tierra que los cristianos saludan preferentemente con el nombre de Tierra Santa, denominación ya conocida en el Viejo Testamento, tuvo en principio otros nombres: Tierra de Canaán, de los Amorreos, de Israel, etc.; sobre todos ellos prevaleció el de Palestina.  Aunque originalmente este nombre indicaba tan sólo la llanura del litoral mediterráneo, ocupado, por los Filisteos, ya desde Heródoto (siglo V a. de C.), la denominación "Palestina" pasó a indicar toda la región.

Los actuales ocupantes de Palestina, la llaman Eretz Israel, o sea, Tierra de Israel, o de los descendientes de Jacob.  Sus habitantes permanentes o nativos la llamaron y la llaman Palestina.

De lo anterior podemos colegir que la región de Palestina es una zona, que a lo largo de su historia, se caracteriza por ser una tierra de asentamientos de muchas culturas que han dejado valiosos vestigios arqueológicos, mudos testimonios de su pasado cultural, social y político, dada, principalmente, su expectante posición geográfica.

Tal país, la Tierra Santa, venerada por millones de hombres de tres religiones, es uno de los más interesantes del mundo, y su historia es de las más fascinantes.  Su contribución al progreso espiritual e intelectual no ha sido superada por ningún otro.  Minúsculo en extensión, pero cósmico en influencia, se gloria de poseer una historia que puede considerarse la historia del mundo civilizado en miniatura.  Esta singularidad, sin embargo, no puede preservarlo del destino común a todos los países del mundo; una sucesión ininterrumpida de expropiaciones, o de usurpaciones.  Por el número de invasiones sufrida, pocas regiones del mundo aventajan a Palestina…La Historia de Palestina, tanto la política como la cultural, es resultado de su posición geográfica.  La estrecha faja de sus tierras fértiles, ceñida por el gran desierto arábigo y el Mar Mediterráneo, constituye un puente entre Asia y África y particularmente un puente entre los fecundos valles de Eufrates y del Nilo, donde aparecieron las mayores civilizaciones de la Antigüedad… Palestina se presenta, pues, como una vía natural de tránsito entre Egipto y Mesopotamia y, como tal, fue siempre utilizada: en tiempos de guerra por las fuerzas en conflicto, y en tiempos de paz por las caravanas asiáticas y africanas.

A esta importancia económica, cultural y estratégica, visto que constituye un enclave importante como paso obligado, o puente natural de comunicaciones ente continentes, se agrega el significado religioso de Palestina.

La dualidad religiosa que impone Palestina, es tal vez el hecho que la hace más interesante desde el punto de vista histórico-religioso.  Es en esta región donde el monoteísmo se convierte en la fuerza espiritual que desplazará a las prácticas politeístas de la Antigüedad.

Palestina se transformará en el centro religioso de los creyentes de un solo Dios, y hoy son tres las religiones para las cuales este país es Tierra Santa, contando, además, en su territorio con Jerusalén, la ciudad más importante.

Los historiadores han descubierto fuentes de más de 3.000 años de antigüedad, que mencionan a Jerusalén como "Uru-Salim", la ciudad de la Paz, y aunque la historia de Jerusalén, que abarca tres milenios o más, no deja de contener rasgos de violencia y destrucción, esta antigua ciudad es considerada hoy la "Ciudad de Dios" por tres de las grandes religiones universales.  Las tradiciones islámicas, cristianas y judaicas, en representación de millones de hombres, honran a Jerusalén como lugar en el cual la mano de Dios ha intervenido en forma directa y decisiva en los asuntos humanos.  Los movimientos que recuerdan estos actos divinos se han convertido en centros de culto y peregrinación para gente proveniente de todo el mundo.  Entre las tierras habitadas del planeta seguramente no hay ninguna que despierte más íntimos y profundos sentimientos religiosos que Palestina, y especialmente en aquellos en que la Civilización Occidental ha impuesto sus tradiciones.

Al unir metodológicamente el aspecto cultural de Palestina, como tierra de asentamientos de numerosas culturas, su situación geográfica, como paso obligado de contactos entre civilizaciones, que le otorga un alto grado estratégico, y su carga emocional que significa el ser Tierra Santa para la Humanidad, nos indica que Palestina y su pueblo poseen valores históricos propios que ha subsistido, pese a haber sufrido a lo largo de la historia numerosas conquistas y dominaciones foráneas.

Un país que durante toda su historia cambia constantemente de dueños y sirve de campo de batalla para imperios poderosos o naciones contendientes, difícilmente tendría  la oportunidad de favorecer su desarrollo nacional como tal.  No obstante, su población autóctona jamás claudicó en su afán por alcanzar cierta autonomía e independencia en forma especial cuando en el 638 d. de C., adquiere un carácter netamente árabe que lo distingue hasta nuestros días.  Acontecimientos impuestos a la región postergan estas ansias libertarias hasta las postrimerías del siglo XIX en que se inician por Palestina numerosas disputas y dan oportunidad a los árabes-palestinos de luchar por su total independencia que aún hoy defienden.

Antecedentes Históricos

Para entender cómo llegó a plantearse la cuestión palestina, debemos remontarnos al Primer Congreso Sionista, celebrando en Suiza el año 1897, que resuelve la colonización de Palestina.  Las proposiciones finales del Congreso preveían "la creación en Palestina de una patria judía garantizada por el derecho público", siendo uno de sus instrumentos "la colonización racional de Palestina por medio del establecimiento de labradores, artesanos e industriales judíos", con el preciso objeto de "hacer las gestiones preparatorias para obtener el consentimiento de los gobiernos, necesario para alcanzar la meta del Sionismo".

Para cumplir cabalmente el programa colonizador, el Segundo Congreso Sionista funda el Banco Colonial Judío, con el propósito de conseguir fondos suficientes para negociar una carta de concesión de derechos soberanos sobre Palestina.

Hacia fines del siglo pasado, la diplomacia europea trabajaba sobre un tema que se conocía con el nombre de la "cuestión oriental".  Las grandes potencias esperaban el momento oportuno para apoderarse del control de grandes zonas del Imperio Otomano, que pasaba por un grave período de decadencia.

La cuestión se resolvió finalmente con la derrota de Turquía en la Primera Guerra Mundial.  Si bien las potencias europeas trataban de establecer esferas de influencia, reconocieron que la soberanía correspondía a los gobernantes y pueblos de los territorios árabes.

Fue así como las fuerzas aliadas, por intermedio del General Allemby que ocupaba Jerusalén, anunció "la voluntad y el deseo del gobierno de Su Majestad de que el futuro gobierno de estas regiones se base en el principio del consentimiento de los gobernados".

Todo se dilucidó en definitiva por un acuerdo de la Sociedad de Las Naciones (precursora de (O.N.U.), en orden a otorgar a Gran Bretaña un mandato sobre Palestina, en espera de concedérsele la independencia prometida a los árabes.

Posteriormente, Gran Bretaña adujo que Palestina quedaba excluida de las promesas británicas de independencia, al interpretar unilateralmente documentos diplomáticos suscritos entre el jefe de la Meca, Hussein, como representante de los pueblos árabes, y el Alto Comisionado en Egipto, Sir Henry Mac Mahon.

En esa época, Gran Bretaña había dado seguridades por separado a los dirigentes  sionistas respecto del establecimiento de un "Hogar Nacional Judío en Palestina".  Estos compromisos con la organización sionista se dieron a conocer a través de una declaración emitida por el Secretario del Foreign Office Británico, Sir Arthur Balfour, a Lord Rothschild, y que se conoce como la declaración Balfour, cuyo tenor es el siguiente:

"Estimado Lord Rothschild:
                     Me complazco en transmitir a Usted, en nombre del gobierno de su Majestad Británica, la siguiente declaración de simpatía por las aspiraciones judías sionistas, cuyo texto ha sido sometido al Gabinete y aprobado por éste.
                                             El Gobierno de su majestad ve con beneplácito el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará cuanto esté en su poder para facilitar el logro de ese objetivo, quedando claramente entendido que no se tomará ninguna medida que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías de Palestina, o los derechos y la condición política de que gocen los judíos en cualquier otro país.
                     Agradeceré a usted se sirva poner esta declaración en conocimiento de la Federación Sionista".

Esta declaración, que condicionaba el sentido de los acontecimientos posteriores en Palestina, quedó incorporado en el Mandato.  Su aplicación trajo como consecuencia la oposición árabe y llevó finalmente a la partición de Palestina.

En consecuencia, para comprender el problema palestino es preciso examinar con cierto detenimiento esta declaración que puede considerarse la raíz del conflicto.

La declaración Balfour fue consecuencia directa de un esfuerzo persistente de la Organización Sionista por establecer un Estado Judío en Palestina.

Theodor Herzl, fundador del movimiento sionista había escrito en 1896:
"La idea que he desarrollado en este panfleto es muy antigua: se trata de la restauración del Estado Judío. Concédasenos la soberanía sobre una porción del planeta lo suficientemente amplia, como para satisfacer las necesidades legítimas de una Nación, y nosotros nos encargaremos del resto".

Herzl mencionó a Palestina y la Argentina, pero al año siguiente el Primer Congreso Sionista, celebrado en Suiza, declaró que la meta del sionismo era "crear para la comunidad judía un Hogar en Palestina".

Esto fue rechazado por las autoridades turcas, que tenían dominio sobre gran parte del Mundo Árabe, incluida Palestina.

Fracasadas estas nuevas gestiones, los dirigentes sionistas se propusieron como única meta fundar su Hogar en Palestina, por su importancia geográfica y mediante argumentos religiosos.

En el año 1917, un inglés de religión judía, el doctor Weizman que dirigía un laboratorio de investigación de la Marina Británica, descubrió un explosivo de alta potencia en base a nitroglicerina. Inglaterra necesitaba urgentemente ese nuevo poder bélico y entonces Weizman  ofreció su descubrimiento a las autoridades británicas a cambio de la promesa que Inglaterra reconocería a los judíos "su derecho histórico" a fundar un Hogar en Palestina.  Los judíos de Inglaterra se comprometían por su parte a desplegar sus esfuerzos ante sus "hermanos judíos de Estados Unidos" para que éstos arrastraran a esa nación a la guerra, junto a los aliados.  Este plan involucraba además el apoyo económico de la familia Rothschild, de religión judía y dueña de la banca europea.

Weizman convenció al gobierno británico argumentando sobre "las ventajas políticas que representaba para el gobierno de Su Majestad la colonización judía de la región en calidad de dependencia británica, ya que en el plazo de 20 a 30 años podríamos tener allí un millón de judíos o tal vez más que constituirían una salvaguardia muy eficaz para el Canal de Suez".

Esta idea no era nueva.  Ya en 1907, Sir Henry Campbel Bannerman, Primer Ministro Inglés de Su Majestad Eduardo VII, -con el mismo objeto de "proteger" la zona del canal, -proponía introducir "una barrera humana extranjera", que pudiese impedir la unidad nacional de los árabes que se gestaba tan amenazadoramente para el imperio Turco dominante y los dueños del Canal.

Fue así como los sionistas prepararon la Declaración Balfour, la cuál se convirtió en documento discutido que perturbó a los círculos judíos que no estaban a favor del objetivo sionista de crear un Estado Judío.

Muchas comunidades judías no sionistas se consideraban nacionales de sus países y el concepto de "un Hogar Nacional Judío" -planteaba un grave conflicto de lealtad-.

El más destacado de los críticos judíos fue Edwin Montagu, Secretario de Estado para la India, único judío miembro del Gabinete británico.  Su discrepancia respecto del carácter político de los objetivos sionistas nacía de su convicción de que el judaísmo es una fe universal y no una nacionalidad.

Esta posición era minoritaria en el gobierno británico, cuya política fue, en definitiva, propugnar la creación de un "Hogar Nacional Judío" en Palestina.  La constitución de una mayoría judía aseguraría el establecimiento de un Estado Judío.  En toda esta maquinación británica no se tomó en consideración la cuestión fundamental: los derechos de los palestinos.

La declaración Balfour

Evidentemente, no estaba de acuerdo con el espíritu de las promesas de independencia que se dieron a los árabes antes y después que se publicara la Declaración.  El derecho a la libre determinación que se habría paso durante el curso de la gran guerra fue desconocido para Palestina.

Se dispuso de Palestina celebrando estrechas consultas con una organización política cuyo objetivo declarado era asentar a no palestinos en Palestina.

Mediante esta declaración, el gobierno británico contraía compromisos con la organización sionista en relación con la tierra de los palestinos, en un momento en que el país todavía formaba parte oficialmente del Imperio Otomano.

Esto nos lleva indudablemente a la consecuencia más importante, en orden a que esta Declaración es jurídicamente inválida, toda vez que Gran Bretaña no ejercía soberanía sobre Palestina, ni tenía derechos de propiedad y carecía de autoridad para disponer de esa tierra.  El Derecho Internacional no reconoce al Estado Británico más competencia que sobre sus territorios y sus sujetos nacionales.

La Sociedad de las Naciones era un organismo sui generis, establecido por los Estados victoriosos, para imponer su concepto de orden en las relaciones internacionales.

La Sociedad de las Naciones, concebida para responder al orden predominante, adoptó el concepto de mandato, que constituía una innovación en el sistema internacional, como una manera de reconciliar las exigencias de la era colonial con la necesidad política y moral de reconocer los derechos de los colonizados.

Todos los territorios bajo Mandato, cuya independencia se reconoció provisionalmente, se convirtieron en Estados Independientes.  La excepción fue Palestina.  En lugar de  limitarse a "los consejos de ayuda de carácter administrativo", el Mandato tenía como objetivo principal la aplicación de la "Declaración Balfour", en la cual se manifestaba el apoyo al "establecimiento en Palestina de un Hogar Nacional Judío".

Este compromiso se incluyó en el Mandato sobre Palestina, confiado oficialmente a Gran Bretaña por la Sociedad de Las Naciones en 1922, sin haber consultado los deseos del pueblo palestino, como disponía el Pacto.

Durante los 25 años que duró el Mandato sobre Palestina (1922 a 1947), se produjo una inmigración judía en gran escala, procedente sobre todo de Europa Oriental, que se intensificó considerablemente en el decenio de 1930.  En este período, la población judía en Palestina, constituida principalmente por inmigrantes, aumentó de menos de un 10% en 1917, a más de un 30%, en 1947.  La voluntad de independencia de los palestinos y su resistencia a la inmigración judía llevó a una rebelión en 1937, que fue seguida de permanentes actos de violencia durante la Segunda Guerra Mundial e inmediatamente después de su terminación, Gran Bretaña, en su carácter de potencia mandataria, trató de aplicar diversas fórmulas para dar la independencia a un territorio asolado por la violencia.  En este contexto, se examinaron y abandonaron: un  plan de participación, una fórmula de autonomía provincial y el proyecto de establecer una Palestina unificada e independiente. En 1947, Gran Bretaña traspasó el problema a las Naciones Unidas.

En su Primer Período Extraordinario de Sesiones, del 2 de abril de 1947, Arabia Saudita, Egipto, Irak, Líbano y Siria, hicieron un intento concertado por debatir el tema de la independencia de Palestina.

La agencia Judía por su parte, así como otras organizaciones sionistas, también formularon solicitudes para hablar ante la Asamblea General.  La Agencia basaba sus peticiones en el argumento de que, mientras los Estados Árabes defendían la Causa Palestina, la Causa Judía no estaba representada.  Sin embargo, no estaba previsto ni había tampoco precedente, que organizaciones no-gubernamentales hubiesen hablado ante la Asamblea.  Sin embargo, ésta acogió a la Agencia Judía.

Mientras tanto, cundía la violencia en Palestina, en la medida que grupos terroristas sionistas, tales como el "Stern", El "Irgún" y la Agencia Judía, la "Haganah, multiplicaban sus ataques y actos de sabotaje y la inmigración ilegal aumentaba vertiginosamente.  De tal manera que, cuando aún faltaban varios meses para que el período ordinario de sesiones terminara, el gobierno británico solicitó a las Naciones Unidas la designación de una Comisión Especial "que formule recomendaciones relativas al futuro gobierno de Palestina".

En cualquier caso, como los árabes palestinos fueron relegados, con la consiguiente protesta de algunos Estados Árabes, la Asamblea General resolvió conceder una audiencia al Alto Comité Árabe.

La posición a favor del reconocimiento de los derechos de los árabes palestinos, no tuvo, en definitiva, mucha cabida. Las atribuciones de la Comisión no contenían referencia alguna a la terminación del Mandato y a la independencia palestina…Y es que el asunto de los refugiados judíos europeos estaba candente, y se había vinculado con Palestina.  Se crea La Comisión Especial de Naciones Unidas para Palestina.

Esta Comisión celebró reuniones preliminares en Nueva York, a las que los dirigentes palestinos del Alto Comité Árabe declinaron asistir, tras escuchar la posición sionista y las opiniones del gobierno británico.  El organismo árabe de Palestina reiteró su negativa de comparecer ante la Comisión Especial, señalando que presentaría su tesis en la Asamblea General.  El pensamiento de los líderes árabes era que el "desierto de Palestina será decidido por los palestinos.  El sionismo no tiene reclamación legítima alguna que hacer sobre Palestina".

Las organizaciones judías, en tanto, brindaron plena cooperación a la Comisión Especial de las Naciones Unidas para Palestina, aportando detallados documentos.

La tesis judía se planteó en numerosas intervenciones.  Una de ellas a cargo del que sería primer Presidente del Estado de Israel, David Ben Gurión, acusó a Gran Bretaña de "socavar las aspiraciones judías".

Ben Gurión sostuvo hasta el final que debía "considerarse la cuestión de un Estado Judío en una región adecuada de Palestina, aunque tenemos derecho a toda Palestina"

Ante las múltiples y divididas corrientes, la Comisión Especial no pudo llegar a un acuerdo respecto de sus recomendaciones.  La mayoría de sus miembros: Canadá, Checoeslovaquia, Guatemala, Perú, Suecia, Uruguay y los Países Bajos optaban por la partición de Palestina en dos Estados, independientes políticamente, pero económicamente unificados.  La minoría representada por Irán y Yugoslavia, proponían el establecimiento de una Palestina independiente como Estado federado, con Jerusalén como capital.

Al comenzar, en septiembre de 1947, el Segundo Período de Sesiones de las Naciones Unidas, la Asamblea General se constituyó en Comisión Ad-Hoc, encargada de estudiar la Cuestión Palestina, a base de las recomendaciones de la Comisión Especial.  Mientras tanto, las partes se habían manifestado por los resultados de la Primera Comisión.  La Liga Árabe declaró que se opondría resueltamente al Plan de Partición.  El Alto Comité Árabe, a su vez, que había rehusado participar con la Comisión Especial, mantenía su posición de presentarse ante la Asamblea General.

La Organización Sionista aprobó el proyecto de partición aunque objetó por no haberse concedido al Estado Judío suficiente territorio, y calificó de "inaceptable" las propuestas de la "minoría".

Al final del debate internacional, se produjo el establecimiento de dos  subcomisiones para que informasen acerca de las formulaciones que tenía ante sí la Comisión Ad-Hoc.  Finalmente, se aprobó la tesis de la subcomisión 1, que planteaba el retiro de Gran Bretaña, el 1º de Octubre de ese año.  Es decir, se aprobaba el Plan de Partición propuesto.

Para ratificar la decisión de Partición, en el Plenario de las Naciones Unidas se necesitaba reunir una mayoría de dos tercios.

Al presentarse el informe final de la Comisión Ad-hoc, el relator observó que al grupo le había "resultado imposible lograr la conciliación y acuerdo de las partes".  En efecto, los Estados partidarios del Plan de Partición aducían que era la mejor fórmula disponible para hacer frente a las realidades políticas de Palestina y el problema de refugiados judíos.  Los países opositores al Plan, ponían en duda la competencia jurídica de las Naciones Unidas para adoptar esta drástica medida.  Afirmaban que violaba el Principio de Libre Determinación del Pueblo Palestino e infringía además, el Mandato, en lo que se refería a los "derechos y a la condición de otros sectores de la población, los no judíos, a no sufrir menoscabo".  Los oponentes a la Partición denunciaron igualmente, que algunas potencias interesadas estaban ejerciendo presiones políticas a fin de reunir los votos necesarios para la mayoría.

El 29 de noviembre de 1947, se votó el Plan de Partición de Palestina, con 33 votos a favor, 13 en contra y 10 abstenciones, repartidos éstos de la siguiente manera:
Votos a Favor: Australia, Bélgica, Bolivia, Canadá, Costa Rica, Checoeslovaquia, Dinamarca, Ecuador, EE.UU., Filipinas, Francia, Guatemala, Haití, Islandia, Iberia, Luxemburgo, Nicaragua, Noruega, Nueva Zelandia, Países Bajos, Panamá, Paraguay, Perú, Polonia, República Dominicana, Rep. Socialista Soviética de Bielorrusia, Rep. Socialista de Ucrania, Suecia, URSS, Unión Sudafricana, Uruguay y Venezuela.
Votos en Contra: Afganistán, Arabia Saudita, Cuba, Egipto, Grecia, India, Irán, Irak, Líbano, Pakistán, Siria, Turquía y Yemen.
Abstenciones: Argentina, Colombia, Chile, China, El Salvador, Etiopía, Honduras, México, Reino Unido de Gran Bretaña, Irlanda del Norte y Yugoslavia.

Los Estados Árabes y otros países declararon que no considerarían la recomendación de la Asamblea general, puesto que entendían se oponía a la Carta Fundamental.  Esta posición sería determinante para el curso de los acontecimientos.

La Resolución 181 del 29 de Noviembre de 1947 "recomendaba al Reino Unido como potencia mandataria de Palestina, y a todos los demás miembros de Naciones Unidas la aprobación y aplicación respecto del futuro gobierno de Palestina del Plan de Partición con Unión Económica", y pedía al Consejo de Seguridad adoptar "las medidas necesarias previstas en el Plan para la ejecución del mismo".

Palestina debía dividirse en un "Estado Judío" y un "Estado Árabe", cuyos nombres no se especifican.  Gran Bretaña debía retirarse antes del 1º de agosto de 1948, y en ningún caso antes del 1º de febrero de 1948.  Pondría a disposición del Estado Judío una zona que incluyera un puerto de mar para facilitar "una inmigración considerable".  Durante el período de transición que comenzaría en noviembre de 1947, las Naciones Unidas se harían cargo progresivamente de todo el territorio, que ejercerían por intermedio de una Comisión, y el poder se traspasaría a los dos Estados el día de la Independencia, a más tardar el 1º de octubre de 1948.  Los Estados estarían asociados en una unión económica.

En suma, el territorio palestino se dividió en ocho partes.  Tres se reasignaron al Estado Judío y tres al Estado Árabe.  La séptima, Jaffa, constituiría un enclave árabe en el territorio judío. 

La octava parte correspondería a Jerusalén que sería constituida como corpus separatum bajo un régimen internacional especial.

La Resolución contiene salvaguardias respecto de los monumentos de Jerusalén y derechos de las minorías, tales como respetar la libertad de conciencia, el libre ejercicio de todas las formas de culto y la igualdad ante la ley.

La Resolución de Partición de las Naciones Unidas no fue, desde luego, una solución para el problema palestino, y la violencia se intensificó.  Proliferaron los enfrentamientos entre palestinos y judíos a medida que, al iniciar su retirada las fuerzas británicas, aumentaba la libertad de acción de las fuerzas paramilitares judías.

El sabotaje, los ataques a instalaciones militares y la captura de armas británicas por esos grupos, se convirtieron en elementos característicos de la vida palestina.  Como los acontecimientos se encaminaban hacia una gran confrontación armada, Gran Bretaña anunció que pondría término a su Mandato el 15 de Mayo de 1948.

A medida que el gobierno británico iba desvinculándose de Palestina, sin que las Naciones Unidas pudieran reemplazarlo como autoridad gobernante efectiva, el movimiento sionista fue tomando control territorial del naciente Estado Judío.

Su política consistía en ocupar, durante el período de la retirada británica, tanto territorio como fuera posible, rebasando las fronteras asignadas al Estado Judío por la Resolución de Partición.

Esta expansión territorial mediante el empleo de la fuerza tuvo como consecuencia un éxodo en gran escala de refugiados procedentes de las zonas de las hostilidades.

Se sembró el terror entre la población civil por medios militares y sicológicos, produciendo una movilización de la población civil árabe a países vecinos.

Uno de los hechos más notorios de los actos de terrorismo de que se hizo objeto a la población civil ocurrió en abril de 1948, en Deir Yassin, un poblado cercano a Jerusalén, donde las bandas terroristas sionistas de la Irgún y Stern asesinaron a 259 civiles, incluidos mujeres y niños.

Durante los meses precedentes al término de Mandato, las fuerzas judías se habían desplazado para ocupar ciudades y zonas claves del territorio destinado al Estado Árabe.  La mayor parte de Jerusalén que había de ser internacionalizada en virtud del Plan de Partición, también fue ocupada por las fuerzas judías.

Al terminar el Mandato, las fuerzas judías se desplazaron para ocupar nuevos territorios fuera de las fronteras especificadas en la Resolución de Partición.

Decretada la Partición, siguió un período de graves enfrentamientos entre fuerzas árabes y judías, que culminaron en la Primera Guerra Árabe-Israelí, de 1948.  Esta, a su vez, engendró la proclamación del Estado de Israel, el 14 de mayo de ese año, al día siguiente del retiro del Alto Comisionado británico  El 11 de mayo de 1949, Israel ingresa a las Naciones Unidas, ocasión en la que su representante declaró que se respetarían los principios de la Carta de las Naciones Unidas y que pondría en práctica su Resolución.  Una promesa incumplida, que lleva 40 años y que hoy entra en su quinta década.

La Unidad Nacional Palestina y la O.L.P.

El pueblo Árabe-Palestino desplazado de su territorio a viva fuerza especialmente el año 1948 y 1967 decide heroicamente emprender su lucha emancipadora dado que la totalidad de su territorio nacional está en manos israelíes.

No obstante, los árabes-palestinos han tenido y tienen en la región una presencia que supera el milenio y medio, si la consideramos desde el momento de su arabización.  Este pueblo estuvo siempre sometido a organizaciones políticas que superaban el marco territorial en que vivían.  Así es como estuvieron bajo la administración de Bagdad: posteriormente de los mamelucos egipcios y finalmente por los turcos otomanos, por nombrar los de más larga data.  Siempre el grupo árabe-palestino mantuvo una entidad con su tierra y perduró más allá de los sucesivos poderes supra-nacionales que lo dominaron.

Durante todo este tiempo, la región fue relativamente pobre, y desde tiempos de los cruzados fue sufriendo un empobrecimiento y abandono que se acentuó a raíz de los grandes descubrimientos geográficos.

A partir del desarrollo que experimenta la región del Levante con la apertura del Canal de Suez, comienza a revitalizarse la sociedad tradicional Palestina.  La economía de la región era predominante rural, con unas pocas villas, y las ciudades Santas, con mayor población tenían más movimiento comercial con las visitas de los extranjeros y los peregrinos.

La organización social era semi-feudal con un marcado régimen patriarcal en una economía doméstica que no superaba el circuito local, siendo la ruta de tráfico con Beirut el factor que daba vida al área.

La tranquilidad era interrumpida esporádicamente por algunos movimientos de resistencia contra las autoridades locales establecidas por el gobierno turco, o alguno de los notables árabes que, con su poder e influencia vulneraban los intereses de la comunidad, buscando casi siempre el beneficio personal y el de su clan.

El credo predominante era el islámico, pero existían además grupos cristianos y judíos que eran minoría y una gran tolerancia respecto de la fe.

Con el ascenso de las potencias occidentales, la región del Medio Oriente, y en especial el enclave palestino, cae bajo las miras y apetencias de las influencias de los europeos.

Desde la marcha de Napoleón hasta la Primera Guerra Mundial, Palestina es visitada por científicos, viajeros, misioneros, filántropos y comerciantes que presionan a la Sublime Puerta para que se les otorguen derechos especiales y franquicias a los europeos que van a establecerse allí.  Desde mediados del siglo pasado se hacen presente pequeñas oleadas de inmigrantes judíos conocidos como ALILLA.

En la sublevación árabe contra el Imperio Otomano, Palestina será escenario de los enfrentamientos de árabes e ingleses contra el ejército turco, existiendo un compromiso por parte de los ingleses para otorgarle la independencia a los árabes, aunque Gran Bretaña se reserve otro futuro para la región  En los acuerdos de Versalles, los británicos obtienen que Palestina le sea otorgada para su administración en calidad de mandato, debiendo cumplir con ciertas cláusulas,  Una de los cuales era Preparar a la población nativa para llegar a un gobierno independiente y establecer un hogar nacional para el pueblo judío, en armonía con la población existente.  A poco de iniciado el mandato estallan los primeros disturbios de grupos árabes que no están de acuerdo con la potencia mandataria, ni con la presencia sionista que va en aumento.

Durante la década de 1920 crece la resistencia al mandato y se intensifica la lucha contra los grupos judíos extranjeros que se establecen en Palestina.  La ineficacia por obtener la autodeterminación y terminar con la penetración sionista se ve obstaculizada por las divisiones internas de los grupos dirigentes palestinos que no llegaban a acuerdos respecto del método a seguir para obtener sus propósitos, optando unos por la vía diplomática moderada (su principal exponente era el gran Mufti de Jerusalén) y los partidarios de un activismo armado.  La decisión que en el año 1947 expresaba la Asamblea General de las Naciones Unidas en su resolución 181 que hace suya la partición de Palestina, inicia un activismo por parte de los árabes mucho más fuerte, rechazando lo que ellos ven como una injusticia a los derechos seculares que tenían sobre Palestina y, a su vez, que el plan de partición ignoraba la distribución y la cantidad de habitantes que se habían ido diferenciando.

Desde este mismo año se produce un espiral de violencia y se hace presente el terrorismo, utilizado por los grupos sionistas exaltados.

Desde el año 1948, se produce la entrada en escena de grupos árabes que inician una lucha convencional contra los judíos.

Después de la Primera Guerra árabe-israelí vendrá el grave problema de los exiliados palestinos que han incrementado su número en los últimos cuarenta años, después de cada confrontación bélica entre árabes e israelíes.

Durante tres lustros, a partir del año 1948, los palestinos confiaron en que la acción diplomática, o de fuerza coordinada de los Países Árabes sería suficiente para hacerse acreedor del reconocimiento de sus derechos.  Al no ocurrir, optaron crear sus propias organizaciones políticas que después de cierto tiempo fueron reconocidas por los Estados Árabes como únicos interlocutores válidos y en representación del pueblo palestino.  En la década del 60, emerge la Organización de Liberación de Palestina, que luego bajo la conducción del Ingeniero Yaser Arafat, elegido democráticamente por las varias organizaciones que integran la O.L.P., produciéndose un reconocimiento internacional mayoritario de que éste es el gobierno legítimo de los palestinos.  Como forma estatal independiente que vela por la defensa de los derechos palestinos, esta organización de liberación se otorga la estructura de un gobierno en el exilio con todo el aparato institucional administrativo como cualquier estado independiente, y en pos de sus objetivos: retornar a sus hogares y proclamar el Estado Palestino en su suelo natal.





EN VÍSPERAS DEL ESTADO PALESTINO

Soportar casi medio siglo de sistemático exterminio por recuperar su tierra y por ende su identidad nacional, es el patrimonio que el pueblo palestino dejará como testimonio histórico a las futuras generaciones del siglo que se aproxima.

Su pueblo debió radicarse en países árabes vecinos con toda la problemática que en sí conducía esta convivencia, la cual los palestinos debieron compatibilizar con sus aspiraciones nacionales y la armonía en sus relaciones con el país que los cobija.  La tarea fue ardua y dura, imposible de analizar en este resumen de la Historia de la Causa Palestina.

Producida la partición de su territorio, sin el expreso consentimiento de sus habitantes, sino por el arbitrio de la Sociedad de la Liga de las Naciones que, es lo que transforma este hecho en una monstruosidad jurídica, que aún hoy le cuesta superar a la comunidad internacional y a ese pueblo, el exilio y exterminio con métodos ya desechados a partir del Holocausto de la Segunda Guerra Mundial, donde ciudadanos de muchos países europeos debieron sufrir y morir.

Este nuevo Holocausto silencioso y severo, al cual se somete a la nación Palestina por más de cuarenta años es lo que moralmente ha legitimado su lucha nacional.

Al revisar las varias etapas en que ha evolucionado su rebelión, se nota a pesar de los sufrimientos de su pueblo una dinámica propia que hace que la Revolución Palestina se acerque cada día a su objetivo nacional.  La capacidad política de sus dirigentes ha jugado un papel muy importante.  Su primera etapa encuentra a Palestina emergiendo del Imperio Otomano para luego caer bajo la hegemonía del Mandato Británico que hace todo lo posible por satisfacer las demandas sionistas, las cuales logran la instalación del Estado de Israel que rápidamente en sólo diecinueve años ocupa todo el territorio palestino ya en 1967.  En esta etapa, la lucha Palestina está principalmente en manos de Nacionalismo Árabe y en ese crisol con las dificultades propias de la problemática árabe, logran emerger como movimiento de liberación.  Una segunda etapa, se inicia a nuestro juicio en 1969 en que se elige a Yasser Arafat como líder de la OLP, incorporando a los movimientos guerrilleros en propiedad a la Organización.  Se busca fortalecer un comando unificado.

En este período es cuando el Movimiento Palestino adquiere su total independencia como Movimiento de Liberación y su reconocimiento internacional.  El Papa Juan Pablo II, recibe al Presidente de la O.L.P. y le expresa "Te bendigo a ti, bendigo a tu pueblo y tu causa, porque es una causa justa".

No obstante, es en esta etapa cuando el Estado sionista es más riguroso e implacable  y decide emplear todo su poderío bélico-militar y económico en aras del exterminio de la Organización Palestina y las aspiraciones de todo un pueblo.

A partir de la década del 80, la O.L.P. soporta la mayor y más persistente embestida del sionismo que desea aniquilar fundamentalmente su estructura orgánica, la O.L.P.

El 6 de junio de 1982, el ejército sionista realiza en el Líbano su mayor y más ambicioso plan bélico con el fin de liquidar la resistencia Palestina.  A las 11:30 A.M., se inició la bárbara agresión prevista desde hacía algunos meses.  Más de 20.000 soldados israelíes cruzaron la frontera del Líbano.  Descargando sus bombas por tierra, mar y aire, siendo su objetivo principal, los campamentos palestinos.  Penetraron por cinco puntos principales en un frente de 90 km, o sea, desde la Ciudad de Tiro en el Oeste hasta Shaaba al este.

Pocas horas después el gobierno sionista declaró el comienzo de la operación "Paz para Galilea", cuya finalidad era, según decía, expulsar a la resistencia Palestina del norte de la frontera, entre Israel y el Líbano y proteger sus colonias de cohetes y de artillería Palestina.

Las tropas sionistas atacaron los campamentos de refugiados en las zonas de mayor concentración de la Resistencia Palestina y de las fuerzas libanesas progresistas.  El heroísmo demostrado por las fuerzas palestinas y libanesas particularmente en los campamentos de Burj El Shamali, El Bas, Hein el Helwz, Nabatieh, Tiro, Sidón, Al Damour, el Castillo de Beaufort y en otras zonas pasará a la historia, serán inolvidables los hechos y la valentía de las fuerzas de resistencia al invasor, no sólo para el pueblo de Palestina, sino también para el enemigo sionista que recibió allí una lección imperecedera de dignidad y bravura y donde sufrió pérdidas inapreciables de hombres y equipos bélicos.  Sino hubiera sido porque los israelíes aplicaron la táctica de tierra arrasada a distancia, por medio de bombardeos por aire y mar, jamás hubieran podido entrar.

Durante la segunda semana de la guerra, se pusieron de manifiesto las verdaderas intenciones de los agresores.  Las tropas invasoras se elevaron a más de 100.000 hombres, dotados del armamento más moderno y entraron por todas las zonas del Beirut Este, que se hallaba bajo el control de los falangistas libaneses.  Hasta ese momento Israel había reconocido más de 214 muertos, 114 heridos y 23 desaparecidos, pero según varios de los oficiales israelíes, el costo es mucho más alto.

Poco tiempo después al bloquear Beirut Oeste, la situación se aclaró aún más.  Los invasores exigieron la rendición de las fuerzas de resistencia palestinas y libanesas.  Pensaron en la capitulación incondicional de la dirigencia palestina.  De acuerdo con declaraciones de Begin, al referirse al objetivo del bloqueo en la primera semana, el semanario Magazine señala lo siguiente: "Con el Bloqueo de Beirut, no solo se pretende destruir la estructura militar de la O.L.P., sino ante todo, su estructura ideológica".  Y prosigue diciendo: "Sharon está consciente de la importancia de destruir la estructura ideológica y social de la organización.  Si esto no se logra, la operación del Líbano será un fracaso, porque no habrá alcanzado su verdadero objetivo, y sus consecuencias repercutirán negativamente sobre la política interior del Estado hebreo".

Por su parte, el Premier Israelí expresaba la intención de la creación de un gobierno, dócil al que Estados Unidos suministraría armamentos modernos y al que ellos ayudarían para lograr con esto sentarse a conversar y firmar un tratado de paz.  Y propuso obrar con mano de hierro contra los "terroristas" palestinos.

No vamos en este resumen a mencionar todas las demandas planteadas por el sionismo en el curso de esta quinta guerra, pero podemos afirmar que la destrucción de la estructura militar, ideológica y social de un pueblo, equivalía a su exterminio.

He aquí la respuesta dada por el máximo líder de la O.L.P. Yasser Arafat, en Beirut el 28 de junio de 1982, a los planteamientos sionistas: "Esta es una situación muy compleja, pero no hay sobre la tierra fuerza capaz de exterminar el movimiento nacional de resistencia del pueblo palestino.  Nosotros lucharemos por el derecho a la vida, por el derecho a la autodeterminación, por el futuro de nuestros hijos".

Es difícil reflejar en pocas palabras o describir con lujo de detalles la tragedia de Beirut, y más difícil aún resulta hablar de heroísmo de los hombres, mujeres y niños palestinos y libaneses.  Fueron 80 días y noches de heroica lucha de un pueblo decidido a resistir o morir.

No hay duda que para exterminar la Resistencia Palestina del suelo libanés pusieron en práctica distintos medios: cortaron el suministro de agua, luz y combustible a la población durante 80 días; impidieron el paso de cualquier tipo de alimento; establecieron un rígido bloqueo para impedir cualquier intento de ayuda a la población; implantaron la guerra psicológica, intimidando con una propaganda falaz y mentirosa y con volantes lanzados desde aviones; utilizaron juguetes explosivos para asesinar a niños palestinos; bloquearon la entrada de medicinas para provocar epidemias; emplearon bombas de todo tipo, gases paralizantes de nervios y gases tóxicos que producían alucinaciones; experimentaron con la población las armas más sofisticadas; bombardearon día y noche en forma sistemática, aplicando la táctica de tierra arrasada y utilizando proyectiles  de fósforos napalm, bombas fragmentación y de balines.

A pesar de todo, el movimiento de la resistencia y el pueblo palestino y libanés en general, se enfrentaron valientemente a los sionistas, que asesinaban diariamente a más de doscientos civiles indefensos, además de los muchos niños y mujeres que morían cada día por falta total de las condiciones mínimas de higiene, agua y alimentos.

El 2 de agosto de 1982, cuando Israel lanzó más de ciento cincuenta ataques aéreos utilizando más de ciento setenta mil proyectiles, el corresponsal del periódico francés Humanité, Alaín Wasmer, escribió: "Las palabras apocalipsis o infierno parecen vacías para describir lo que vive Beirut en estos momentos".

En otro titular del mismo periódico se lee: "Inunda Israel a Beirut-Oeste en un baño de sangre".

El diario francés Le Monde expresaba: "Esto parece un cataclismo".
En cuanto a la batalla política desencadenada en Beirut puede decirse que desde el principio el mando sionista exigía la rendición total e incondicional de las fuerzas de la resistencia palestina y libanesa.  Pero la respuesta más contundente la dio el propio Yasser Arafat quien, interrumpiendo su visita a Arabia Saudita, expresó "Nuestras fuerzas lucharán hasta el final, hasta la muerte del agresor".

Algo más tarde, el dirigente palestino declaró "La batalla de Beirut cercada por los invasores sionistas y sus aliados falangistas, está comenzando, y la capital libanesa será, sin duda, la tumba de los invasores y el Stalingrado de los árabes.

Abu Iyad, dirigente de la O.L.P., en una entrevista a Radio Voz del Líbano Árabe, en respuesta a la proposición de Ronald Reagan en nombre de Israel, de que los palestinos quedasen confinados en sus campamentos y de que sus dirigentes salieran de Beirut, dijo "Pelearemos si es preciso, desde nuestros campamentos para que el mundo sepa que no se puede desarmar una revolución…Si deponemos las armas Beirut no se salvará; por el contrario, se salvará si luchamos; y los libaneses lucharán a nuestro lado".

El 23 de Junio, Yasser Arafat declaró "sólo podrán tomar nuestras armas cuando estemos muertos" y días más tarde, el 29 en una entrevista a una agencia de noticias de la RDA, señaló: "En el Líbano hay ahora 8 divisiones israelíes; además está en acción toda la marina de guerra y la aviación… Ya hay más de 30.000 muertos y heridos, más de 10.000 personas desaparecidas, 800.000 libaneses y palestinos confinados en campamentos de refugiados; pero a pesar de todo, nadie podrá destruir la OLP… Sin duda la situación es muy complicada, pero lo es también para nuestros enemigos… No podemos pasar por alto que hay algunas tentativas para chantajearnos… trataremos de llegar a un acuerdo que defina el carácter de las relaciones de la OLP y el estado libanés".

Lejos de liquidar Israel el Movimiento de la OLP, ésta sale fortalecida de Beirut; lo que más logró fue que las fuerzas palestinas entraran en una etapa de reorganización y de fortalecimiento del liderazgo de Yasser Arafat.

Como una consecuencia de esta acción, las múltiples luchas emprendidas por el pueblo palestino desde 1948 y los veinte años de ocupación sionista de Gaza y Cisjordania, hacen que esta población Palestina en los territorios ocupados, principalmente Gaza y Cisjordania, se levante el 09 de Diciembre de 1987, en histórica rebelión en contra de la ocupación sionista.

La Intifada o Levantamiento Popular, es fenómeno espontáneo que todo pueblo en rebelión espera de sus mujeres, hombres, ancianos y niños que viven en la opresión.

La Revolución ha madurado y decide salir a las calles a repudiar la ocupación israelí.  Es cuando surge la tercera fase en el movimiento nacional palestino.  La margen occidental o del Jordán, Cisjordania, y Gaza,  se alzan en contra del ejército y la administración israelí.  Junto a su alzamiento, comunidades, aldeas y ciudades de toda Palestina que están en manos de Israel desde el año 1948, dan su apoyo solidario el levantamiento popular, denominado INTIFADA, que busca romper de facto con el Estado Israelí, y proclamar su propio Estado en Palestina.  Es en esta fase de la lucha cuando la madurez y unidad de la O.L.P. es puesta a prueba y decide dar otro gran paso en su evolución hacia su objetivo nacional.

Acuerda en su XIX Congreso Nacional en la ciudad de Argel, Argelia, la Declaración de Independencia del nuevo Estado Palestino en perfecta armonía con las resoluciones de la O.N.U. de acuerdo a la carta fundamental de los derechos humanos y a los inalienables  derechos de este pueblo sobre la tierra Palestina.

Dicho documento coloca al pueblo de Palestina en posición de emprender su cuarta etapa, creación y formación de su propio Estado en Palestina.  Lo anterior se logró conseguir, gracias al apoyo y tenacidad de toda su dirigencia, de sus hermanos árabes, de la comunidad internacional y los mártires de su rebelión.  Una gran parte de la intelectualidad y opinión mundial piensa hoy que el pueblo palestino se ha ganado su auto determinación y que el conflicto palestino-israelí debe superarse con la creación del Estado de Palestina.

La Causa Palestina y El Fenómeno Sionista