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Este artículo trata de la influencia de la cultura Hispano-árabe en la cultura Latinoamericana. El artículo intenta describir esta influencia desde un punto de vista del lenguage, y a través del desarrollo de las humanidades, artes y ciencias como la matemática, astronomía, medicina, navegación, geografía, entre otras. Los ochocientos años de invasión árabe en España y los cuatrocientos años de invasión española en América constituyeron los elementos a través de los cuales un cuasi-global fenómeno de transculturización tuvo lugar.

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Recuerdo una conversación entre un latino y un árabe en un café de Lima. En lenguaje coloquial un árabe le decía a un latino que los españoles eran los hijos espírituales de los árabes y que los latinos eran a su vez de los españoles. Me planteé desde entonces, y eso hace mucho tiempo, la hipótesis de que los hispano-parlantes habíamos heredado como nietos la cultura y la ciencia de los musulmanes de alguna manera y que quizás la estaríamos viviendo sin darnos cuenta. Los ochocientos años árabes en España, seguidos inmediatamente de los quinientos años españoles en América Latina, sumaban trece siglos de transculturización casi continua y me llenaban de curiosidad intelectual.

De acuerdo con Shoghi Effendi: "La llamada civilización cristiana de la cual el Renacimiento es una de sus manifestaciones más extraordinarias, fue esencialmente musulmana en sus cimientos y orígenes. Cuando Europa medieval estaba sumergida en la mayor barbarie, los árabes quienes fueron regenerados y transformados por el espíritu liberado por la religión de Mahoma, estuvieron diligentemente ocupados en establecer una civilización cuya semejanza sus contemporáneos cristianos en Europa nunca habían visto antes. A través de ellos, la filosofía, ciencia y cultura que los antiguos griegos habían desarrollado encontraron camino a Europa. Los árabes eran los traductores y lingüistas más hábiles de su tiempo, y fue gracias a ellos que las escrituras de tales filósofos bien conocidos como Sócrates, Platón y Aristóteles fueron puestos a disposición de los del Oeste. Es totalmente injusto atribuir la florecencia de la cultura europea durante este período del Renacimiento a la influencia del Cristianismo. Fue principalmente el producto de las fuerzas liberadas por la Dispensación de Mahoma"1.

Durante mis investigaciones, descubrí por ejemplo que mis amigos de colegio con nombres Guzmán, La Madrid, Alcázar, Almenara, el cura Medina, mi tía Emma, y otras tantas personas llevaban nombres islámicos sin saberlo. Otros como Cáceres, Sevilla y Trujillo, eran el equivalente árabe de nombres latinos. Que cada vez que el profesor de religión nos advertía que "en boca cerrada no entran moscas" o que "el ojo del amo engorda al caballo" no hacía sino repetir lo que la moral islámica refraneaba. Que cuando admiraba a la iglesia cristiana más antigua de mi ciudad natal, en verdad, estaba gustando de la arquitectura musulmana y que la música de los villancicos navideños provenía en realidad de tonadas árabes2. 

Muchas superticiones orientales habían llegado a ser parte de nuestra cultura latinoamericana, como "algunos antojos de embarazadas, el prevenir a los niños que juegen con fuego que se orinarán en la cama; los rabos de pasa, que comidos, mejoran la memoria;  el mal augurio que se saca de la rotura de espejos; la creencia de que, cuando una conversación entre varias personas se interrumpe, es debido al paso de un ángel; el poner una escoba detrás de la puerta para que marche un inoportuno; el mal agüero del número 13, etc."3 Nuestra infancia había crecido escuchando las historias árabes de Aladino, Simbad, Alí Babá y las Mil y Unas Noches. Más creciditos, tendríamos el ajedrez (originalmente hindú) y los naipes, que eran juegos muy populares en la España árabe y que fueron traídos por los conquistadores.




El Árabe y el Castellano

Alguien afirmó que cuando hablábamos castellano, en realidad estábamos hablando árabe sin saberlo. Por favor, querido lector, lea a continuación el siguiente texto y pregúntese usted mismo, cuánto ha entendido.

"El alfarero alquilaba un bazar en Guadalajara, un almacén azul cerca de la aduana y del alcalde, con una alacena para el arroz, el aceite, las aceitunas, alforjas de garbanzos, los alfajores, un fardo de limones y naranjas, los caramelos, arrobas de azúcar y quintales de café. En un rincón, junto al almanaque, la alfombra y el tambor, se dibujaba la azuzena, el alhelí y los lozanos jazmines.

El alguacil de la aldea, un alférez, golpeó adrede a un fulano en la mazmorra porque el haragán robó los candiles, las aquilatadas alhajas y los zafiros del sofá del almirante y del anaquel taraceado de marfil. Ojalá le quiten el dinero.

El alfeñique y el albañil se carcajeaban mezquinamente hasta jadear, y en jerga, de los zaguanes del arrabal por sus adobes carmesí baratos. El zutano zapateaba en la azotea sobando su jarro de alcohol". 

¡Felicitaciones! Usted ya puede hablar árabe. El 95% de los sustantivos, verbos, adverbios y adjetivos en este texto provienen del árabe. Ya puede estar pensando en la dimensión de la herencia árabe-islámica dentro de usted. Más aún, debemos tener en cuenta que entre otras contribuciones a la lingüística castellana se encuentra la pronunciación linguo-dental de la z y el uso de la h aspirada.

Resultaba también que un número de clásicos de la literatura europea se había inspirado en ideas y temas populares árabes. Entre ellos se consideran a Lope de Vega, Calderón de la Barca, Cervantes, Quevedo y otros escritores europeos como Dante, La Fontaine, Andersen y Grimm.

Otros nombres de ciudades y apellidos de procedencia ibérica tienen también su equivalencia árabe o viceversa como: Bambalunah (Pamplona), Belad Ulid (Valladolid), Qadis (Cádiz), Malaka (Málaga), Antaquira (Antequera), Lixbuna (Lisboa), Tulaytulah (Toledo), Sarakosta (Zaragoza), Jazirat Shuvr (Alcira), Alcoyil (Alcoy), Al-Akant (Alicante), Al-Basit (Albacete), Al-Qantara (Alcantara), Al-Qa'lah an Nahr (Alcalá de Henares), Gharnatah (Granada) y Al-Jazirah al-Khadra (Algeciras). Asimismo, los siguientes nombres de lugares pueden ser contados en esta herencia cultural: Jabuira (Evora), Corduba (Córduba), Batalyaws (Badajoz), Almunecar, Al-Mariyah (Almeria), Wadi-Ash (Guadix), Jayyan (Jaén), Salmanica (Salamanca), Majrit (Madrid), Abula (Ávila), Wadi al-Hijarah (Guadalajara), Al-Manza (Almansa), Kalat Ayub (Calatayud), Jerunda (Gerona), Lareda (Lérida), Dyaca (Jaca), Al Kacerwes (Cáceres), entre muchos otros. Intercambios culturales se dieron también indirectamente en áreas como la danza, la cocina, etc. Por ejemplo, los términos albóndiga y almíbar, vienen del árabe.


Ciencias y Humanidades

Nuevos libros me llevaron a confirmar efectivamente lo que una malintencionada educación me hacía antes dudar: España fue el trampolín de la cultura islámica en dos direcciones, una para su oriente europeo y otra para su occidente americano. Cada cual en magnitud y forma diferente, pero islámica al final.

En efecto, noventa años después de la muerte de Mahoma, el Islam ya estaba instalado en España. Permaneció allí por ocho siglos durante los cuales la península fue el centro de intensa actividad cultural y científica, la cual trasmitió su espíritu y contenido a las otras naciones europeas. Como consecuencia de esto el mundo cristiano experimentó un nuevo fenómeno cultural de repente, acaso inexplicable para ellos mismo. Lo llamaron el "Renacimiento".

El Renacimiento puede ser descrito como el movimiento de renovación literario, científico y artístico en que Europa se vio envuelta durante los siglos XV y XVI sin incluir su posterior influencia, debido - según se arguyó- a la vuelta a los clásicos. Pero resulta que la civilización cristiana no nació nunca de los clásicos sino que nació del Evangelio de Cristo. Y no se puede hablar de un  autoresurgimiento, pues el occidente estaba literalmente empantanado en sus creencias medievales.

La Europa de ese período y del anterior se enorgullecía de barbaridades como haber hecho retractar a Galileo de sus afirmaciones astronómicas, de considerar a la medicina una práctica obscena y a la química como una brujería, al estudio de textos extranjeros como paganismo, a la interpretación personal de la Biblia como cosa del demonio, al estudio de las ciencias naturales como algo pecaminoso, etc., hasta la famosa e infame Inquisición tristemente llamada "santa".

Mahoma, opuestamente a esta actitud ciega, fanática y supersticiosa, había exclamado en el Corán: "¿Son iguales los que saben a los que no saben? (39:9); ¿Son iguales las tinieblas a la luz? (13:16). Él había dicho también: "La tinta del estudiante es más sagrada que la sangre del mártir"4; "La ciencia es el remedio para las debilidades de la ignorancia, es un faro reconfortante en las tinieblas de la injusticia"; "Buscad conocimiento desde la cuna hasta la tumba"5; "Buscad el conocimiento, aunque sea en China"6; "Quien deja su hogar en busca de conocimiento, camina en el sendero de Dios"7. En el mismo Corán, Él había declarado dos principios científicos que solamente pudieron ser aceptados por los cristianos después de muchos siglos: la célula original (22:5) y el movimiento rotatorio de la tierra (36:38-40).

El Islam de Mahoma había traído una luz para el viejo y lánguido continente y esta luz lo iluminó. No fue entonces renacimiento, fue un despertar a un llamado extraño. Gradualmente, inconsciente de donde venía la luz, las tinieblas fueron abriendo paso al raciocinio y a la razón. Una nueva y diferente sed de conocimiento fue esparcida por doquier.

El Islam fue una revelación más universal en el sentido que unió a todos los pueblos bajo su influencia como una única nación en el sentido cultural, espiritual y jurídico. La tolerancia fue uno de los principios básicos del orden social creado por Mahoma: "No insultéis a quienes, prescindiendo de Dios, ruegan. Injuriarían a Dios por enemistad sin saber. Así hemos adornado sus obras a cada pueblo (6:108)… Ciertamente, quienes creen, quienes practican el judaísmo, los cristianos y los sabeos -quienes creen en Dios y en el Último Día y hacen obras pías, tendrán su recompensa junto a su Señor. No hay temor por ellos, pues no serán entristecidos" (2:59). Los árabes, a diferencia de los conquistadores españoles, no impusieron su lengua y religión en las culturas en que se establecieron.

Los musulmanes se extendían ya entonces por extensos dominios que abarcaban las culturas de los griegos, sánscritos, romanos, latinos, persas, etiopes, sirios, mogoles, armenios, bereberes, tibetanos, portugueses, mandeanos, beduinos, harreanos, hebreos, coptos, egipcios, babilonios, indonesios, urdúes, malayos, hindúes, chinos y una multitud de culturas menores. De ellas tomaron todo lo mejor y lo esparcieron por el mundo. Todo fue traducido al árabe llegando a ser este idioma la lengua internacional del Islam y a la vez la lengua científica de la época. Los mozárabes leían mejor en árabe que en latín e inclusive leían sus libros religiosos -como los Salmos- en árabe. Los llamados mozárabes de España eran los cristianos que vestían y hablaban como árabes, pero que conservaban y practicaban su religión libremente.

Juan Vernet en su extraordinario trabajo "La Cultura Hispanoárabe en Oriente y Occidente" nos explica de embajadas árabes que recorrían el antiguo oriente con grandes regalos a cambio de manuscritos. De acuerdo al señor Vernet:

Otro sistema de obtener manuscritos era el obligar a entregarlos como indemnizaciones de guerra. La anécdota que sigue se localiza en Chipre o en la propia Bizancio. Resumimos esta última, más amplia, en que al-Ma'm_n, victorioso, pide, que se le paguen los gastos de guerra con libros, de modo parecido a como mil años después el marroquí mawl‚ y Ism‚'Ól exigió del rey de España, Carlos II, la entrega de manuscritos árabes a cambio de cautivos. No sabiendo dónde encontrar las obras filosóficas de Aristóteles reclamadas por Al-Ma'm_n, el emperador mandó buscarlas. Un monje perteneciente a un convento situado lejos de Constantinopla indicó el lugar donde bajo el reinado de Constantino, hijo de Helena, en el momento de la proclamación del cristianismo como religión oficial, se habían depositado aquellas obras cerrándolas con númerosas llaves. El emperador preguntó si al abrir el depósito y enviar los libros no cometería un pecado. El monje le replicó que todo lo contrario, que su acción sería digna de recompensa ya que las ciencias antiguas destruyen los fundamentos de las creencias religiosas. Se abrió el depósito y encontraron gran número de libros que enviaron sin seleccionar en cantidad de cinco cargas. Al-Ma'm_n los pasó a los traductores quienes los vertieron al árabe [...] unos manuscritos estaban completos; otros no. Estos últimos no se han podido completar aún.8

Los califas se declararon no solamente custodios de la fe islámica sino también del conocimiento humano. Fueron los grandes mecenas de su tiempo. Surgieron ciudades brillantes como Damasco, Alejandría, Córdoba, Palermo, El Cairo y Samarkanda. En Bagdad, un Califa fundó la Casa de la Sabiduría que fue muy famosa en oriente. Gastó ingentes riquezas para adquirir manuscritos y libros de cualquier lengua. La biblioteca del Cairo tenía 1.600,000 volúmenes. Córdoba solamente tenía 17 grandes bibliotecas y había 400,000 volúmenes en la biblioteca de Palacio. La España musulmana tenía en total 400 ciudades, diecisiete colegios y setenta universidades. Ciudades grandes y pequeñas constaban de una biblioteca y por todas partes se rendía culto al saber.

Sobre todo, España fue una de las grandes ganadoras en el terreno de las ciencias, las artes y las humanidades. Se formaron varias escuelas de traducciones al árabe en Europa y las más respetadas se hallaban en España adonde afluían los buscadores europeos y hacían copias para sí, al latín, y en algunos casos, atribuyéndose la autoría. El 47% de las traducciones científicas del árabe al latín fueron sobre ciencias exactas, luego viene filosofía con 21% y medicina con 20%.9

Córdoba, Sevilla, Toledo, Barcelona y Tarazona se convirtieron en florecientes centros de traducción de los clásicos griegos al árabe tales como Aristóteles, Sócrates, Hipócrates, Arquímedes, Tolomeo, Euclides, Dioscórides, Polemón, Galeno, Apolonio, Doroteo de Sidón, Antíoco de Atenas, Tales, Platón, Herón, entre otros, y que eran desconocidos -aun prohibidos- por la Iglesia.

La primera universidad en el mundo fue la de El Cairo (siglo X). La universidad de Córdoba fue la primera en establecerse en occidente. Uno de sus estudiantes fue el papa Silvestre II (Papa del 999 a 1003). Los cristianos, que gozaban de amplia tolerancia, asistían a esos centros del saber en grandes cantidades.

En España y en el oriente la civilización islámica desarrolló sistemas educativos en enseñanza primaria, media y superior. En la primaria aprendían a leer,  a escribir y a estudiar el Corán, en la media estudiaban gramática y poesía, matemáticas y agrimensura, astronomía elemental, lógica, botánica, zoología, etnología e historia. En la superior, estudiaban ciencias del Corán, tradiciones del Profeta, jurisprudencia y teología.10  La gente de fe islámica consideraba un privilegio espiritual leer el Corán y eso contribuyó a reducir el analfabetismo. De otro lado, las togas y las tocas de los graduados universitarios, así como también las tunas universitarias, son una reminiscencia de los vestuarios en las ceremonias de graduación de los estudiantes en los colegios islámicos.


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La Cultura Hispano Árabe en Latino América    " Boris Handal "  ( hoja 1 )